Le palais de Justice vu par Angeles, touriste argentine – Nice

" Qu´est-ce que nous recherchons quand nous sommes en vacances ? Se  reposer, s'amuser, connaître de nouveaux endroits… Mais, dans tous les cas,  ce que nous voulons oublier c'est le travail et la routine,écrit Angeles Obarrio.

Je m'efforce à ce que cet oubli soit absolu... Même si je reconnais que parfois je ne peux pas éviter de penser à ma vie professionnelle. Je suis avocate et chaque fois que je vais dans une ville que je ne connais pas, quand mon chemin croise un bâtiment judiciaire, je ne peux éviter de le prendre en photo. En me disant : "  ce serait super de travailler ici". 

Ça m'est arrivé, par exemple, à Madrid, quand je suis tombé devant le tribunal sur la Gran Vía.

Il ne pouvait en être autrement à Nice.

Un fronton majestueux

Le Palais de Justice ne passe pas inaperçu. Avec le drapeau français sur  son fronton majestueux, les trois portes,  « Liberté », « Égalité » et « Fraternité ». Comme si l'on pouvait choisir sous quel mot entrer. Ainsi se présente le perron.

Imposant de grandeur et de supériorité... Comme le grand escalier, qui ne devrait en réalité pas exister si l'on voulait que le tribunal reflète un lieu facile d'accès, au plus près des citadins.

Mais le palais ne doit pas capter toute notre attention. Il faut embrasser du regard toute la place. Pour voir aussi, le clocher de la tour Rusca qui lui fait face, ou la pittoresque pharmacie, les façades des immeubles de couleur pastel, la danse interminable de l´eau de la fontaine, les terrasses des cafés…

Pourquoi ne pas s´arrêter un instant pour écouter les musiciens qui comblent l'air de magie, ou peut-être s´approcher du kiosque à journaux pour lire les dernières nouvelles dans Nice-Matin.

La Place est attractive pour tout le monde, qu'ils soient avocats comme moi ou pas.

Angeles Obarrio

 

Palais de Justice, otro “tropezón” en vacaciones

¿Qué es lo que buscamos cuando estamos de vacaciones? Seguramente sea descansar, divertirnos, conocer lugares nuevos o ir a los de siempre, juntarnos con los amigos, la familia… Pero en todos los casos, lo más probable es que queramos olvidarnos por unos días del trabajo y de la rutina.

Yo intento que ese olvido sea absoluto, como si nada relacionado con mi profesión existiera en el mundo; pero aun cuando trato de aferrarme a esa regla y cumplirla como si fuera la ley suprema, reconozco que hay veces en las cuales no puedo evitar pensar en mi vida laboral. Soy abogada y trabajo en tribunales, y cada vez que voy de viaje a alguna ciudad que no conozco y por casualidad (aclaro) durante el paseo me encuentro con algún edificio de tribunales, no puedo evitar sacarle una foto y decirme a mí misma: “qué lindo sería trabajar acá”.

Así sucedió, por ejemplo, en Madrid, cuando me sorprendieron sobre la Gran Vía los Juzgados Contenciosos Administrativos (que son, justamente, los de mi especialidad) o también cuando me crucé con el “Tribunale Ordinario di Firenze”. Y, como no podía ser de otra manera, el Palacio de Justicia de Niza forma parte de ese álbum de fotos tan extraño, que no es ni más ni menos que la clara muestra de mi desviación del comportamiento establecido en ese reglamento autoimpuesto.

Supongo que a cualquier visitante le llama la atención el Palacio, con la bandera francesa flameando, las paredes ornamentadas y las tres altas puertas coronadas una por la “Liberté”, otra por la “Egalité”, y la última por la “Fraternité”, como si uno pudiera elegir en cuál valor ingresar.

También, al igual que la mayoría de los Palacios de Justicia, destaca la gran escalinata, que le da ese aire de grandeza y de superioridad; escalinata que -según mi opinión, y sin desmerecer la valiosa labor de los jueces y sus colaboradores, dentro de los cuales me incluyo-, no debiera existir en realidad y demostrar simbólicamente que es justamente lo contrario: un lugar de fácil acceso, más cercano al ciudadano que necesita que la justicia solucione sus conflictos.

El Palacio de Justicia se impone en la plaza que lleva su nombre a cualquiera que pase por allí, no solo a mí por aquel “morbo” especial que tengo. Pero no hay que dejar que aquel nos nuble la vista y, por eso, es obligatorio hacer el giro de 360º para poder apreciar la plaza en su totalidad.

Cómo dejar de ver, también, la torre del reloj, o la pintoresca farmacia, las fachadas de los edificios color pastel, el baile interminable del agua de la fuente, las terrazas de los cafés... Cómo no detenerse un instante a escuchar a los ocasionales músicos que llenan el aire de magia, o por qué no acercarse al puesto de diarios para ver las últimas noticias en el Nice Matin.
La Place de la Justice es atractiva para todos, sean o no abogados como yo.

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